miércoles, 30 de septiembre de 2009

PAU ES EL DEPORTE ESPAÑOL. EL DEPORTE ESPAÑOL ES PAU


Los chavales del baloncesto lo han vuelto a lograr. Ganar es su religión.
Hace apenas unos años soñábamos con emular estirpes de la canasta como la soviética, la yugoslava o la estadounidense. Ahora, somos el enemigo a batir, el que siembra el terror. Es difícil hacer comparaciones, ya que dos de los países mencionados ya no existen como tal, y el capital humano del que cazar talento en EEUU es muy superior al español, obviamente. Para mí, somos la mejor de la Historia junto con la yankee de Barcelona 92 de los Jordan, Magic, Bird, Barkley y demás, y ellos no lograron tanto.
El éxito en las actividades deportivas se multiplican en casi todas las disciplinas, una generación de jóvenes fuertes, talentosos y sin ningún complejo deja el pabellón en lo más alto allá donde va. Y hay un chico que aúna todas las virtudes deportivas y humanas que coloca a nuestro deporte en el lugar donde está. Se llama Pau, y es un catalán orgulloso de ser español. No en detrimento de nadie, ni porque se crea más ni menos que nadie, ni para ofender: sólo se echa la bandera roja y amarilla al hombro para representar algo mucho más grande que él, a los 45 millones de almas que se rinden a sus pies. A ver si toma nota tanto tarugo analfabeto que habita por su terruño. Claro, que él ha tenido una ventaja, ha viajado, y sabe lo que es estar muy lejos de casa, y lo que gusta ir a Málaga o a Teruel y sentirte como si estuvieras en Sant Boi.
Es simplemente Pau. La inteligencia, la sencillez, la educación, la ambición, las agallas, el talento, el sacrificio, el liderazgo, el orgullo. Este chico no enseña baloncesto, enseña a vivir y la definición de lo que es la CLASE con mayúsculas. Sólo espero que la gente joven encuentre en él a un espejo en el que mirarse, y aprendan. Yo, desde luego, sí he aprendido.

viernes, 11 de septiembre de 2009

OCHO AÑOS DESDE EL 11-S


OCHO AÑOS DESDE EL ONCE-S

“Un oficinista de treinta y dos años se tira al vacío desde la planta 86 del WTC para matar el sufrimiento que le causan las llamas en su cuerpo, no sin antes haber llamado a su mujer para decirle que le ama y que cuide de las niñas”

Hoy, ya ayer, hace ocho años del brutal ataque a EEUU perpetrado por una célula islamista. Es una efeméride triste. Como esa melodía lenta que de vez en cuando suena por la radio mientras conduces, trayendo un momento amargo en tu vida, una ruptura dolorosa, una pérdida, como si de repente volvieras a esa persona que eras hace dos, tres, diez años…
Seguro que a cualquiera que le preguntes cómo se enteró de la noticia, qué hizo ese día, con quién habló, te podría dar pelos y señales con una exactitud milimétrica. Pura adaptación humana, cuando el horror te golpea un directo a la mandíbula y es retransmitido en directo por la CNN.
Las imágenes las hemos visto hasta la saciedad y desde todos los ángulos posibles. Se han escrito miles de libros con millones de teorías, muchas de ellas de lo más rocambolesco, riadas de tinta en periódicos, y millones de horas en TV, distintos análisis y lecturas variopintas.
Y todo ello, para mí, se resume en sólo una verdad: miles de muertos, miles de familias destrozadas, miles de víctimas “inocentes”. Pienso cómo ha evolucionado el Mundo desde entonces, y las consecuencias inmediatas de esos hechos. Y sólo SE ME OCURREN TRES COSAS: más muertos, más familias destrozadas, más víctimas inocentes. Punto. Punto, y final.
Una herida abierta en Afganistán, un baño de sangre en Irak, y la mayor vergüenza para los países occidentales en Guantánamo (Thanks, George W.).
Debatiendo en el bar de la esquina sobre el porqué de los ataques, casi todos coincidíamos en lo mismo. Tantos años dando patadas en el culo, y ahora toca recibirlas, my friends. Lo malo es que siempre somos los mismos los que pagamos la factura, la carne de cañón. El limpiador del bufete de abogados, la pobre ama de casa que volvía en avión de ver a su hija después de dar a luz, el marine puertorriqueño al que revienta un mortero en Famara, el mecánico de Alcalá de Henares que se va a currar en tren, porque el coche se le va de presupuesto…
¿Qué hay de los que aprietan el botón, y nunca sufren las consecuencias? ¿Quién va a juzgar a los hijos de perra que mandan a morir a su gente por nada, por un puñado de petrodólares? Espero que el tiempo les juzgue,y la historia les ponga en su justo lugar. Mientras, tenemos que aguantar ver sus caretos dando lecciones de estadismo en conferencias por todo el Mundo a precio de petróleo irakí.. Y a mí me viene a la memoria el sencillo reloj negro que luce en su muñeca Pilar Manjón, como único vestigio entero que pudo rescatar del cuerpo enxangüe de su hijo de entre los hierros retorcidos de un vagón cualquiera en una estación cualquiera. Y me cago en la puta madre de todos los que aprietan botones.

viernes, 4 de septiembre de 2009

¡MENUDO OJO!

¡¡VAYA OJO!!
Os voy a contar una pequeña historia que le ha pasado a dos amiguetes. Para iros poniendo en situación, imaginad: seis de la mañana de domingo, metro, volviendo de Coslada de la boda de un colega. Dos chavales trajeados, cansados, deseando coger la piltra después de una noche bastante, digamos, larga. Risas recordando las talibanadas de los amigos en el banquete, barra libre, etc, etc. Vamos, que os podéis hacer una ligera idea de la situación. Dos zagales jóvenes, volviendo de la guerra, en plan el transporte público es un gran invento, y tal y tal.
Total, que estando en el vagón, como quien no quiere la cosa se acercan dos chavalitos con aspecto sudamericano, diecisiete años, morenitos de Maracay, y no precisamente de haber estado disfrutando de las playas de Zahara de los Atunes en el mes de agosto. Pinta raperillo, pantalón cagao, pañuelo en la cabeza, camiseta cuatro tallas más grande de equipo de futbol americano. En esto que de repente uno de ellos se levanta la camiseta, y deja entrever la empuñadura de un cuchillo jamonero de soberanas dimensiones. Uno de mis colegas lo ve, y aparta al otro que daba la espalda en ese momento a estos dos piezas, momento en el que el ínclito saca la Tizona de debajo del cinturón, amenazando con un LA BOLSA O LA VIDA ESTILO PANDILLERO ANALFABETO, léase, sacad las carteras ya putos cabrones. Se miraron mis colegas a los ojos, como podrían haberse mirado Terence Hill y Bud Spencer en Le Llamaban Trinidad. Con una mezcla de estupefacción, cansancio, rabia y, colega, ESTA ES LA NUESTRA, GRACIAS, DIOSMÍO!!. Me puedo imaginar el careto del más bajito de mis compis, que ya de por sí es de auténtico tarado mental, después de observar el brillo del acero esgrimido por el panchito.
Creo que el resto es fácil de imaginar. El espadachín llorando como una perra pidiendo clemencia, y su colega saliendo por patas gritando tonto el último. Resultado: dos hijosdeputa en comisaría de Nacional, mirando al cielo preguntándole a Moztezuma qué han hecho ellos en esta vida para merecer esto, y dos polizontes resignados a no coger la cama hasta las dos de la tarde. Gajes del oficio, tron, mejor a nosotros que a un pobre desgraciado.
¡¡¡MENUDO OJO TIENEN ESTOS DELINCUENTES DE TERCERA!!!