domingo, 17 de febrero de 2013
Estaba pensando en una amiga. Bueno, no sé si esa definición es la que más se ajusta a la relación que me une a ella.
Digamos que se ha quedado en una persona conocida con la que tuve un affaire, en tiempos pretéritos tal vez la llamaran amante, hoy, seguramente, una expresión muy soez que no me apetece reproducir. De vez en cuando nos enviamos mensajes para comprobar que seguimos bien, y compartir alguna bibliografía interesante, y poco más.
El caso es que me viene a la cabeza pensando en las inmensas capacidades innatas que le adornan. Es fácilmente la persona más culta e inteligente que conozco. Un C.I. que se sale de las tablas unido a un afán de conocimiento y voracidad intelectual tremendos, la convierten en una máquina de pensar precisa cual reloj suizo. Parámetro inteligencia racional, en los Himalaya!!
Pero las personas no somos el resultado de un test de capacidades analíticas o matemáticas. Lejos de esa perspectiva, creo que somos la suma de múltiples capacidades compartimentadas y al mismo tiempo complementarias. Y si no, ¿cómo es posible que individuos con un tipo de retraso mental moderado, puedan ser genios de la comunicación verbal, o autistas que no son capaces de una vinculación emocional normal o empalmar dos frases seguidas coherentes, luego sean genios de los números?
A lo que iba es que, en esta sociedad medimos absolutamente todo, hasta algo tan, en principio, lejano de una fría cifra como la capacidad de raciocinio de un ser humano.
¿Y que es de la felicidad? ¿cómo se puede constatar empíricamente en una persona ese parámetro?
¿Qué es más importante? ¿Una mente brillante, o una capacidad de sacrificio a prueba de bomba?
Si la inteligencia de un ser humano fuera el resultado de sus decisiones vitales, mi "amiga" estaría al nivel de un niño de preescolar . No voy a entrar en detalles, pero, visto desde fuera, diría que está a años luz de ser una persona completa y feliz, lo que puede llevar a entender que es nuestro cerebro límbico, el de las emociones y no el hemisferio izquierdo analítico el que marca la diferencia.
En Bután, un país aislado en los Himalaya, sus dirigentes pensaron que la única medida adecuada para ponderar si su trabajo como regidores llegaba a buen fin es el FIB, Felicidad Interior Bruta. ¿Curioso, no?. Poco que ver con los grandes números que sacan los burócratas por estos lares para venderte la idea de que todo va fatal. Allí piensan que lo único importante es si la gente sonríe....me parece alucinante. A ver si alguno toma nota...
Mi amiga responde a un tipo de persona que, en mi opinión, se toma demasiado en serio su vida, y la vida en general. Como oí una vez, es de auténtico imbécil tomarte demasiado en serio algo de lo que no vas a salir vivo. Y tiene toda la razón.
El mundo es inmensamente mejor cuando está poblado de individuos que son conscientes de que van a morir y que la vida es frágil como una mariposa. El problema es que últimamente estamos rodeados de idiotas que piensan que van a vivir eternamente…
viernes, 15 de febrero de 2013
Qué me gusta de una mujer?
Qué me gusta de una mujer? Dedicado a mi nueva seguidora ; ))
Lo que me gusta de una persona, ni más ni menos. Las mujeres, por lo general tienen algo adicional que nos falta a nosotros: el instinto de protección, de cuidar, de mimar, de socorrer al que sufre. Y no suelen usar la violencia como método para arreglar los conflictos. Tengo la teoria de que si hubiera más dirigentes mundiales de sexo femenino, seguramente se acabarían las guerras...o serían de almohadas.......jejejejeje....las aves serían tal vez las únicas damnificadas. Digamos que con esas virtudes cercano a lo innato, uno ya cuenta.
Me gusta de un ser humano que sea vitalista, positivo, que se cuide por dentro y por fuera. Que no vea problemas, si no oportunidades, y que no se amilane ante las adversidades. No digo que yo sea así, seguramente durante mucho tiempo, tal vez demasiado, he sido más bien lo contrario. Pero me esfuerzo cada día en ser la persona a la que me quiero parecer.
Si hay algo que me define, tal vez sea la curiosidad, y es un rasgo que me gusta mucho de los otros. El deseo de saber el porqué de las cosas, de conocer nuevas culturas, nuestro pasado para explicar el presente y nuestro futuro, ser viajero, aventurero, a veces pelín loco. Por eso a veces no veo dónde está el punto de hacerse mayor. ¿Para perder frescura, que se espacien las risas y aumenten las responsabilidades y las caras largas? Me quedo con Peter, Campanilla!!!
Otra cuestión fundamental que define a un ser humano es su saber estar, expresión sencilla que encierra todo un arte en sí mismo: cómo adaptarte a cada situación, lugar y personas de forma que salgas bien parado.
Pero si he de definir en pocas palabras lo que de veras me entusiasma de la gente es esa rara mezcla de BONDAD E INTELIGENCIA. Por desgracia, muchas mentes bien dotadas tienen una peligrosa tendencia a manipular a los demás, o a intentar quedar por encima sin ninguna necesidad. Demasiada gente es tachada de poco hábil simplemente porque no usa triquiñuelas para alcanzar sus fines, ni actúa como un rufián cuando podría. Me ha ocurrido en el trabajo compañeros que han sido estigmatizados como algo lerdos, simplemente porque eran legales, y no sacaban tajada de los demás o del Sistema teniendo oportunidad. El mundo del revés.
Bueno, espero que esta última pincelada sea de ayuda a mi nueva amiga para conocer mi manera de ver el vida..........hay muchas más cosas, pero seguramente en otro contexto, si surge así, irán saliendo gotita a gotita...
sábado, 2 de febrero de 2013
Aprendizaje
Ha pasado un año desde mi última entrada. Ha sido rápido, pero intenso. Como una vuelta en Fórmula Uno al circuito de SPA...Emociones fuertes, sufrimiento, también risas y, sobre todo, aprendizaje. Mucho aprendizaje. La vida se desarrolla a tu alrededor como en círculos concéntricos, y los acontecimientos a veces desbordan como un tsunami el parapeto más tupido. Habitualmente escribo el día último de año para echar la vista atrás, recopilar datos y hacer balance. Este dos mil doce, andaba metido en un tanatorio. Se podría decir que ha sido un perfecto epítome de lo que ha significado para mi. Me he enfrentado a la faz de la muerte con nunca hasta ahora (ajena, claro está).
El caso es que hoy ando no sé, raro. La cercanía de los exámenes y el cambio de casa con el follón que ello conlleva supongo que me coloca con un grado más de ansiedad de lo normal. Desde luego, poner la tele, no ayuda mucho.
Es alucinante la cantidad de porquería que circulaba por los entresijos de este puñetero país sin el vulgo saberlo.......o no querer saberlo. El dicho dame pan, y llámame tonto, viene muy al caso. La anestesia de la habitualidad, y los numerosos resortes que se ha reservado el poder establecido para sobrevivir cual garrapata a todos los ataques recibidos hace que no pase absolutamente nada. Más de mil manifestaciones el año pasado sólo en Madrid, dos huelgas generales, sentadas, protestas varias, mítines, perroflautas haciendo malabares en la Puerta del Sol y un largo etcétera no han valido para remover ni un ápice de su poltrona a esta panda. Curioso ¿Verdad?. Nos echamos las manos a la cabeza, y ponemos a parir al que se nos pone delante. Políticos, banqueros, empresarios, Iglesia, el Pato Lucas...con tal de no hacer ejercicio de autocrítica, cualquiera nos vale. Y es que soy de la idea de que esta CRISIS con mayúsculas que asola a esta piel de toro no es únicamente debida a una clase dirigente corrupta e imbécil, que también. Es debido a una sociedad podrida y magra de valores, a individuos acríticos y adocenados que nos hemos dejado embaucar con un caramelito cual niños de parvulario. Parto de la base que Ana Botella es el arquetipo de personaje al que más desprecio, mas el otro día realizó unas declaraciones en las que no le faltaba razón, para variar. Decía que la clase política no es más que un reflejo de la sociedad. Seguramente sea en lo único en lo que podré a llegar a estar de acuerdo con esta buena señora, que dios guarde en su seno...
Todos somos culpables de este desaguisado. Por haber gastado más de lo que era cabal, por hipotecar nuestra vida y la de nuestras familias hasta el barboquejo, por querer el coche más molón, las vacaciones más pintonas, el chalet como más parcela. Por nuestra avaricia y nuestra envidia, por nuestros muchos defectos como consumidores y seres humanos. Y no me vale la excusa de que nos engañaron. Claro que en esta pirámide de la culpa hay niveles y grados, y que los que sabían que esto explotaría algún día y no sólo miraron hacia otro lado, sino que sacaron tajada del asunto merecen pena capital. Mas en muchas ocasiones hemos sido nosotros con nuestra estupidez los que pusimos el epitafio en la lápida.
Y me gustaría pensar que esto nos ha valido para reflexionar, aprender de nuestros errores y entonar un NUNCA MAIS. Pero la triste realidad me temo que será diferente, como la Historia nos enseña una y otra vez. Que volveremos a caer en el ciclo de la estupidez y el esnobismo en cuanto tengamos ocasión y que los de siempre nos darán por el saco por los siglos de los siglos. Vivimos en una Democracia y no sabemos qué hacer con ella. Está en nuestra mano echar con nuestro voto (o nuestro no voto) a todos estos herederos del caciquismo que ha asolado nuestra historia durante siglos. Ahora, todo es indignación, cabreo, quejas y gritos desesperados. Mañana, cuando se acerquen las elecciones, los políticos besarán tres niños, invitarán a la merendola a unos cuantos ancianos, y todos tan contentos. Olvidaremos los oprobios, cómo nos pisotean y ningunean, cómo han dejado este solar desierto de esperanza y de justicia. Porque llegará el momento de poder usar esta nuestra parcelita de poder que aún no han cercenado (démosles tiempo) y, como buen españolito analfabeto y cainita, frente a la urna estaremos pensando más en que no salga el de enfrente, que en cambiar las cosas. En votar por el mal menor, que en buscar una alternativa. Y así nos luce el pelo.
sábado, 7 de enero de 2012
CAMBIAR: DEDICADO A MI HERMANO MIGUEL
Hola, chavales!!! Como lo prometido es deuda, os voy a dar unas cuantas recomendaciones que a mi me fueron de utilidad a la hora de afrontar un cambio de vida como el que váis a emprender. No pretendo que me confundáis con un talibán de la tableta de chocolate, ok? Eso que conste!!! Pero me apetece compartir con vosotros mi experiencia, y las ideas y acciones que a mi me fueron de utilidad para llegar donde he llegado. Hay un hecho irrefutable que he de transmitiros: desde que tengo el físico que quiero, SOY MÁS FELIZ!! Tal vez eso sea más que suficiente para animaros a iniciar el camino que os propongo. Empezaré por un concepto general.
A menudo, pienso en la actual esperanza de vida del ser humano. Recientemente, un médico ya veterano me dijo que hace veinte o treinta años el anciano que llegaba a los cien años de edad, salia en Telemadrid. En nuestros días, las personas que alcanzan ya los ciento cinco, o ciento diez años se cuentan a pares. Eso quiere decir, que si las estadísticas no fallan, nos toca convivir con nuestro cuerpo durante muuuuuuucho tiempo más. Ya no somos un agricultor, un obrero o un ganadero que vivía de media la mitad de lo que se vive ahora, y llegaba maltrecho a la cincuentena.
Estos conceptos obligan a replantearse por completo la forma de enfocar el cuidado del envoltorio. La vida sendentaria y estresante obliga a que actualmente el ejercicio diario sea una obligación para el ser humano. La Evolución no nos ha diseñado para estar sentados detrás de un escritorio durante horas y horas, si no para cazar, recolectar, luchar, andar muchos kilómetros diarios para buscar el alimento. Hace apenas mil años, los individuos que alcanzaban los cuarenta eran casi ancianos, todo ello visto con la perspectiva que nos proporciona el hecho de que como homínidos llevamos sobre la faz de la tierra aproximadamente seis millones de años, nos puede dar un indicador de hasta que punto hemos cambiado en un suspiro nuestra forma de vivir.
Las rutinas actuales te llevan de cabeza tanto al sedentarismo como a comer y beber de más. Imagino la típica familia de hoy en día: cuarenta años, dos hijos, trabajo de oficina, horarios irregulares y todo lo que conlleva: tiempo limitadísimo para cuidar el body como es debido. Además del bombardeo continuo con productos nocivos para tu organismo, la comida basura, que además es considerablemente más económica y fácil de consumir.
¿Consecuencias? Las que todos sabemos: estrés, hipertensión, colesterol, obesidad.....
Contra eso, sólo nos queda un antídoto: modificación de hábitos. Es fácil decirlo. Nadie dice que sea sencillo cambiar automatismos interiorizados durante años. Nuestro cerebro es como un campo labrado, con surcos oradados desde hace mucho. Alisar ese terreno, y crear surcos nuevos es el único camino para mantener tu cuerpo y mente en forma, y dejar los hospitales y las pastillas cuanto más lejos, mejor.
Ojo, tiene que haber un deseo de cambio, cada uno vive la vida como quiere. Yo hablo desde mi experiencia, y llegó un momento que estaba harto de no reconocer en el espejo a la persona que deseaba ser. Hay un proverbio oriental que reza que el maestro aparece cuando el pupilo está preparado. Eso fue justo lo que me ocurrió a mi.
Cuando inicié mi camino yo pesaba alrededor de cien kilos. Siempre me ha gustado hacer deporte, y ese lastre limitaba por completo mis actividades. Me cansaba recorriendo ciudades en mis viajes, lo pasaba fatal con el calor, la ropa no me sentaba, el mal humor me acechaba con frecuencia. El mencionado deseo de cambio estaba presente hace tiempo, pero ha de ir acompañado de otro factor crucial: LA MOTIVACIÓN. Auné todas mis energías, mi rabia, mis emociones, y me puse a ello con todo lo que tenía. Esto no fue de un día para otro, mi cerebro rumiaba cambios desde hacía mucho tiempo, y en el fondo tenía la convicción de que tarde o temprano, llegaría el momento. A veces retrasas eternamente una decisión que en el fondo de tu corazón sabes cambiará tu vida, y no sabes porqué....supongo que pánico a fracasar.
Busqué un nutricionista con buenas referencias, y para mí fue como un primer paso para escalar el Himalaya, igual que aquel primer paseo por la Casa de Campo con mi perro una fría mañana de enero de hace ya más de dos años, lo recuerdo como si fuera ayer. Me puse chándal, sudadera, zapatillas......y aguanté poco más de veinte minutos andando!!! Sudaba, estaba fatigado......era penoso!! Pero supuso un antes y un después para mi. Siempre, a la hora de afrontar un reto en la vida, el primer paso es el más complicado, pues es en el que se concentran todos tus miedos, tus inseguridades, muchas inquietudes. Las maratones se empiezan con un paso, y de esa manera enfoqué la cuestión.
La modificación de tu forma física, aparte del factor mental que es el ochenta por ciento, tiene dos pilares fundamentales: hábitos alimenticios y ejercicio físico. Estos dos son una consecuencia de aquél, pero son indivisibles el uno del otro, no funcionan por separado, como el hidrógeno y el oxígeno en una molécula de agua.
Como andar un camino solo se hace penoso, es mejor buscar un buen sherpa. El nutricionista me dio pautas saludables que me fueron de gran ayuda para optimizar mi rendimiento, y poder comer más cantidad de alimentos y así no pasar hambre. El conocimiento lo es todo, y aparte de, no quiero llamarlo dieta sino cambio de costumbres, leí y me documenté abundantemente de qué es lo que hace cada alimento en mi organismo, para qué sirve cada uno, y cuando ingerirlos. El profesional me dejó claro que esa no era una dieta temporal, que básicamente y con retoques menores, era más menos la manera en que debía aportarme nutrientes mientras viviera. No creo para nada en programas de nutrición de dos mil calorías imposibles de mantener en el tiempo, esto es una carrera de ultrafondo que abarca el resto de tu vida. De nada sirve perder veinte kilos con una dieta draconiana, si vuelves de nuevo a tus hábitos anteriores: ganarás treinta, pues tu cuerpo se habrá convertido en una esponja de grasa que absorverá cada caloría de más que le metas, ya que el metabolismo estará muy relantizado por no haber comido adecuadamente.
En este punto me gustaría pararme detenidamente en uno de los principales enemigos de una persona que quiera mejorar su forma física: el hambre. No has de pasar hambre jamás, las cantidades que ingieras han de ser abundantes, pero diferentes en su contenido: en vez de dos bollos, pan integral y jamón hasta saciarte. En lugar de chorillo y tocino en las lentejas, verduras variadas hasta que te salgan por las orejas.....es una forma de hacer entender que si has llegado al umbral de tener un agujero en el estómago, es que algo estás haciendo mal, vas a durar con tu plan una semana, y recuperarás todo lo perdido.
En cuanto al ejercicio físico, has de ser prudente, y empezar muy poco a poco, evitarás lesiones, y cuidarás el aspecto mental: si empiezas con mucha fuerza, y llegas a casa demasiado fatigado, automáticamente tu cerebro relacionará la actividad no con algo placentero, sino con sufrimiento, con lo que tendrás todas las papeletas de abandonar al tercer día. Habla la voz de la experiencia, creeme. La clave de todo el proceso es lo siguiente: vísteme despacio, que tengo prisa. Esto que estás emprendiendo es para siempre, y como todo lo que merece de verdad la pena, es un proceso costoso, largo, y a veces con altibajos. Hasta llegar a poseer el automatismo de un comportamiento, tu cuerpo y tu mente se resistirá con todas sus fuerzas a eso nuevo, extraño y poco placentero a lo que le estás obligando.
El descenso en el aporte de glucosa a tu cuerpo puede crear un cierto malestar psicológico, lo que está claro es que si tienes diez o doce kilos de más, es que estás comiendo más de lo que debes, o que no lo gastas. El cuerpo necesita un proceso de aclimatación.
Un factor que a mi me resulta de importancia, aunque a primera vista pueda parecer venial es el siguiente: el hábito hace al monje. Me explico. Salir a hacer ejercicio con la ropa adecuada, una buena equipación, con zapatillas acordes a tu tipo de pisada y peso, es fundamental para sentirte una persona deportista. Que sea de colores de tu gusto, y no cualquier cosa que pillas por casa, tipo camisetas de promoción de Cacique y cosas así.
Bueno, que ya me he enrollado mucho por hoy, seguiré otro día con mi plan personal....
domingo, 25 de diciembre de 2011
EL AMOR
La tarea más importante y a la que más recursos ha dedicar el ser humano es, con mucha diferencia, aprender a amar. Y nunca, nunca se llega a su conocimiento más profundo y verdadero, ni en una vida de cien años de esfuerzo y tesón. Necesitaríamos veinte más para desentrañar ese gran misterio que mueve montañas. No es la voluntad, no. El amor provoca terremotos, sangre derramada, que el cobarde sea valiente, y el indolente, un héroe.
Qué es el amor. Difícil saberlo. Abarca tantas facetas, y ocupa tantos espacios que sería como intentar contar granos de arena en el desierto.
Sólo diré que todo lo que hacemos en nuestra vida está focalizado a una sola cosa: EL AMOR. Todos nuestros actos están motivados por el deseo de que los demás nos amen, y nos acepten.
Desde niños, hasta la decrepitud, especialmente en estos extremos vitales. Y es que si a un niño no se le toca, besa, abraza, mima desde su nacimiento, muere, se llama marasmo, y es la enfermedad del alma. ¿Qué desea un anciano? Sólo muestras de afecto para lo poco que le reste de vida. Y eso es el hombre. Seres complejos, fruto de millones de años de evolución, y de una amalgama de experiencias que forjan nuestra personalidad, y al mismo tiempo simples
Qué es el amor. Difícil saberlo. Abarca tantas facetas, y ocupa tantos espacios que sería como intentar contar granos de arena en el desierto.
Sólo diré que todo lo que hacemos en nuestra vida está focalizado a una sola cosa: EL AMOR. Todos nuestros actos están motivados por el deseo de que los demás nos amen, y nos acepten.
Desde niños, hasta la decrepitud, especialmente en estos extremos vitales. Y es que si a un niño no se le toca, besa, abraza, mima desde su nacimiento, muere, se llama marasmo, y es la enfermedad del alma. ¿Qué desea un anciano? Sólo muestras de afecto para lo poco que le reste de vida. Y eso es el hombre. Seres complejos, fruto de millones de años de evolución, y de una amalgama de experiencias que forjan nuestra personalidad, y al mismo tiempo simples
jueves, 18 de agosto de 2011
La buena suerte
La semana pasada volvimos de un viaje a Costa Rica de más de dos semanas. Es época de lluvias en estos meses del año e íbamos pelín asustados pensando en una nube perenne descargando con rabia en playas paradisíacas en las que no te podías bañar. El caso es que el tiempo ha sido buenísimo, sólo nos ha llovido en los traslados, o cuando ya caía la tarde tras una auténtica jartá de sol y baño (típica lluvia tropical, que en Madrid hubiera supuesto el caos más absoluto y trescientas intervenciones de bomberos). La experiencia ha sido inolvidable, pero pensando en las variables fuera de tu control que podían haber hecho de este periplo el mayor de los infiernos, también podía haber llegado a casa cagándome en su puta madre.
Y es que primero dependes de, ay madre, compañías aéreas y aeropuertos s.a.
Que no salga tarde tu vuelo, que no pierdas tu conexión en la escala, que tu equipaje no acabe camino de Cleveland, que no se cebe contigo como el toro Ratón un poli de aduanas yankee de ciento veinte kilos y te ponga el bolso de mano patas arriba, que no secuestre el avión un fundamentalista islámico y te tengan que reconocer por la piñata. Que los shuttles lleguen a su hora (es Costa Rica), q al coche de alquiler no le salte un pistón por el capó (con esas carreteras, todo es posible, me descojono de los socavones de Avenida de los Poblados), que todas las reservas de hotel estén en orden, que no sufras una intoxicación alimentaria que te pegue a un retrete hasta el fin de los días, que no te pique una serpiente terciopelo en los huevos, que no se hunda una kunda-barca de esas que usan estos tipos para ir de isla a isla a toda hostia, que no te succione la sangre un mosquito anófeles y te deje más tonto de lo que ya estás. Que no te raje un taxista negro hasta arriba de hachís con rap latino a toda pastilla ex-líder de una mara guatemalteca, mientras su colega viola a tu novia contra un cocotero. En fin, que si lo piensas, son muchas cosas, y todas mezcladas.
Conocimos una pareja de españoles que parecía que nos seguía, porque hizo prácticamente el mismo itinerario que nosotros, y nos la encontrábamos en todos los lados, eran como Wally. El caso es que allí donde nos veíamos el careto llegábamos nosotros con nuestro buen karma de qué bien está saliendo todo, vaya playas acojonantes, me he puesto hasta arriba de Daikiris y todo ese rollo, y ellos siempre replicaban con que en el mismo sitio les había llovido, la chica se cayó en un puente en la frontera con Panamá que casi acaba siendo carnaza de cocodrilo (seguramente el bicho no volviera a comer en un año, pesaba como cien kilos), el hotel una mierda, el rafting regular, la abuela fuma heroína…….y así un largo etcétera. Total, que ya asomábamos la gaita cada vez que entrábamos en un restaurante a ver si estaba cenando la familia telerín para salir como alma que lleva el diablo. Y es que pienso de corazón que la mala suerte se pega como una lapa...
El caso es que estoy en casa, tirado en el sillón mientras escribo mis tontadas, entero y verdadero, y más feliz que una perdiz por un viaje realmente increíble y que recomiendo a todos los amantes de la naturaleza y de las playas paradisíacas.
Y es que yo me considero un tipo MUY AFORTUNADO. Tú también, ¿A que sí?
lunes, 30 de mayo de 2011
De paranoias varias
EL OTRO
No me van las moralinas. No me gusta imponer ideas, ni las discursiones fuera de tono. Sí la reflexión conjunta, fruto de un conocimiento, de una base, de unos principios. Y sobre todo, del respeto, ese rara habis que tanto se echa en falta en los tiempos que corren. No voy a decir que todas las ideas son respetables, eso es una de las mayores estupideces que he oído en mi vida.
Pienso en todo eso cuando escucho a alguien defendiendo una posición a capa y espada, como si la verdad se la hubieran regalado en el kiosko de la esquina al comprar el periódico. Relativismo. ¿Qué hubiera sido de este tipo, si en vez de nacer en una familia de guardias civiles, haber sido un Guardia Civil y ahora policía de infantería, se hubiera criado entre actores de teatro, y bailarinas de cuplé? (Y se hubiera leído un librito de vez en cuando) La película sería muy diferente, seguramente. Y es que no nos damos cuenta hasta qué punto nuestra forma de pensar, vivir, amar, relacionarnos viene marcada a fuego por nuestro entorno, amigos, familia, estudios, libros leídos, películas disfrutadas. Somos un crisol en el que se han fundido muchas experiencia que marcan nuestra personalidad. Por eso, ¿No nos sería útil para entender a los demás y a nosotros mismos un poco de asertividad? ¿Acaso seríamos madridistas si hubiéramos nacido en una masía cerca de Barcelona? ¿No rezaríamos cuatro veces al día mirando a La Meca si en vez de ser del barrio de Chamberí nos hubiéramos criado en un suburbio de Riad?
Seguramente, si mi padre fuera cofundador de Alianza Popular, yo sería un gran fan del señor Gallardón, o de un tal Rajoy.
Si partiéramos de esas premisas a la hora de relacionarnos como ciudadanos, como naciones, como instituciones, otro gallo nos cantaría.
Me pregunto cuántos de los valores de los que hacemos gala como estandarte de nuestra forma de ser son fruto de una reflexión, y cuántos de un automatismo. El cuestionamiento de nuestras creencias debe ser un paso fundamental para derribar los muros que nos separan de nuestros iguales, para empezar a desterrar palabras como adversario, contrario, rival. Esto es la vida, no una peli del Far West, en la que sólo hay buenos y malos. Son millones los matices que enriquecen la convivencia. Presuponer al otro como un ser falible igual que tú, es el principio del entendimiento.
Supongo que no hay fórmulas magistrales para conseguir cuestionarte lo que eres, somos animales de costumbres en un rango mucho más amplio de lo que pensamos, éstas son como el madero al que asirse en la tempestad. Es desde luego mucho más fácil agarrarte a lo que te han hecho ser, que plantearte preguntas, y cuestionarte si realmente tus creencias son mejores que las de los demás. Es como discutir con alguien, más con la intención de hacer prevalecer unas ideas y convencer al otro, que para provocar una reflexión. RELATIVISMO.
Supongo que la virtud se alcanza en el punto medio, el equilibrio homeostático. En la cultura, en los libros, en los sabios, en no cerrar tu mente a ninguna influencia, por muy alejada de tus planteamientos vitales que te parezca en un principio. Y, sobre todo, en desterrar esa lacra llamada PREJUICIOS. Hablar con todos y de todo.
En pleno siglo veintiuno, es descorazonador comprobar cada día cómo teniendo acceso a más información que nunca en décimas de segundo, la ignorancia y el analfabetismo voluntario siga instalado en nuestros corazones, por no hablar del conformismo.
El pensamiento acrítico es hijo de la incultura, justo el concepto favorito de los que manejan los hilos. Porque sin pueblos analfabetos, no habría grandes corporaciones manipuladoras, ni gobiernos que hicieran de su capa un sayo. Saber decir no es el primer paso para combatir la esclavitud, pero saber razonar ese no, es lo que propicia todo lo demás.
Hay momentos en los que se hace necesario sentarse en un banco del camino, y pensar adónde vamos. Como individuos y como sociedad.
Como el gran Antonio Machado plasmó en una rima preñada de sabiduría:
¿Tu verdad? No, La Verdad.
Y ven conmigo a buscarla,
la tuya, guárdatela.
No me van las moralinas. No me gusta imponer ideas, ni las discursiones fuera de tono. Sí la reflexión conjunta, fruto de un conocimiento, de una base, de unos principios. Y sobre todo, del respeto, ese rara habis que tanto se echa en falta en los tiempos que corren. No voy a decir que todas las ideas son respetables, eso es una de las mayores estupideces que he oído en mi vida.
Pienso en todo eso cuando escucho a alguien defendiendo una posición a capa y espada, como si la verdad se la hubieran regalado en el kiosko de la esquina al comprar el periódico. Relativismo. ¿Qué hubiera sido de este tipo, si en vez de nacer en una familia de guardias civiles, haber sido un Guardia Civil y ahora policía de infantería, se hubiera criado entre actores de teatro, y bailarinas de cuplé? (Y se hubiera leído un librito de vez en cuando) La película sería muy diferente, seguramente. Y es que no nos damos cuenta hasta qué punto nuestra forma de pensar, vivir, amar, relacionarnos viene marcada a fuego por nuestro entorno, amigos, familia, estudios, libros leídos, películas disfrutadas. Somos un crisol en el que se han fundido muchas experiencia que marcan nuestra personalidad. Por eso, ¿No nos sería útil para entender a los demás y a nosotros mismos un poco de asertividad? ¿Acaso seríamos madridistas si hubiéramos nacido en una masía cerca de Barcelona? ¿No rezaríamos cuatro veces al día mirando a La Meca si en vez de ser del barrio de Chamberí nos hubiéramos criado en un suburbio de Riad?
Seguramente, si mi padre fuera cofundador de Alianza Popular, yo sería un gran fan del señor Gallardón, o de un tal Rajoy.
Si partiéramos de esas premisas a la hora de relacionarnos como ciudadanos, como naciones, como instituciones, otro gallo nos cantaría.
Me pregunto cuántos de los valores de los que hacemos gala como estandarte de nuestra forma de ser son fruto de una reflexión, y cuántos de un automatismo. El cuestionamiento de nuestras creencias debe ser un paso fundamental para derribar los muros que nos separan de nuestros iguales, para empezar a desterrar palabras como adversario, contrario, rival. Esto es la vida, no una peli del Far West, en la que sólo hay buenos y malos. Son millones los matices que enriquecen la convivencia. Presuponer al otro como un ser falible igual que tú, es el principio del entendimiento.
Supongo que no hay fórmulas magistrales para conseguir cuestionarte lo que eres, somos animales de costumbres en un rango mucho más amplio de lo que pensamos, éstas son como el madero al que asirse en la tempestad. Es desde luego mucho más fácil agarrarte a lo que te han hecho ser, que plantearte preguntas, y cuestionarte si realmente tus creencias son mejores que las de los demás. Es como discutir con alguien, más con la intención de hacer prevalecer unas ideas y convencer al otro, que para provocar una reflexión. RELATIVISMO.
Supongo que la virtud se alcanza en el punto medio, el equilibrio homeostático. En la cultura, en los libros, en los sabios, en no cerrar tu mente a ninguna influencia, por muy alejada de tus planteamientos vitales que te parezca en un principio. Y, sobre todo, en desterrar esa lacra llamada PREJUICIOS. Hablar con todos y de todo.
En pleno siglo veintiuno, es descorazonador comprobar cada día cómo teniendo acceso a más información que nunca en décimas de segundo, la ignorancia y el analfabetismo voluntario siga instalado en nuestros corazones, por no hablar del conformismo.
El pensamiento acrítico es hijo de la incultura, justo el concepto favorito de los que manejan los hilos. Porque sin pueblos analfabetos, no habría grandes corporaciones manipuladoras, ni gobiernos que hicieran de su capa un sayo. Saber decir no es el primer paso para combatir la esclavitud, pero saber razonar ese no, es lo que propicia todo lo demás.
Hay momentos en los que se hace necesario sentarse en un banco del camino, y pensar adónde vamos. Como individuos y como sociedad.
Como el gran Antonio Machado plasmó en una rima preñada de sabiduría:
¿Tu verdad? No, La Verdad.
Y ven conmigo a buscarla,
la tuya, guárdatela.
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